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PANORAMA ESPAÑOL

Prostitución y adicciones: el consumo de drogas en el negocio del sexo

Cuando el “uso instrumental” de las sustancias puede derivar en dependencias

18 minutos
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prostitucion y adicciones

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Para hablar de la relación entre prostitución y adicciones hay que empezar por intentar conocer el primero de estos ámbitos, que en España es muy diverso. Ahora bien, una cosa está clara: tanto aquí como en el resto del mundo, el ejercicio del negocio del sexo en general va acompañado del consumo de sustancias y, por tanto, de la posibilidad de desarrollar dependencias.

Cambia, eso sí, el tipo de drogas, la forma y frecuencia en que se consumen, y los motivos, en función de las modalidades y ámbitos de prostitución, los cuales son diversos y desconocidos. Por otra parte, las personas que se prostituyen y consumen tienen características e historias diferentes. Por tanto, varían sus posibilidades de desarrollar adicción por más que se encuentren en el mismo entorno, pues cada organismo, cada cerebro, reacciona de forma única a las sustancias.

Como sea, está claro que prostitución y consumo de sustancias son fenómenos muy ligados y, probablemente, prostitución y desarrollo de dependencias. Pero para comprender esta relación y proponer acciones para evitar riesgos (sobre todo cuando se ejerce la actividad), conviene tener claro de qué, de quiénes, hablamos cuando referimos a prostitución en España. Y cómo es el consumo en este ámbito.

Para ello, Adictalia entrevistó a la antropóloga Carmen Meneses Falcón, autora del reciente libro “Viviendo en el Burdel”. Este trabajo es el resultado de una investigación de 10 años durante los cuales la investigadora ha convivido, en períodos de 10 días, con personas prostitutas, sobre todo mujeres, en locales de alterne con licencia. A partir de este estudio de campo, Meneses Falcón ha podido obtener una fotografía rigurosa de las motivaciones, problemas y dinámicas (entre ellas, el consumo de sustancias) que intervienen en una parte importante de la prostitución en España.

Los 3 sectores de la prostitución

Los tres sectores de la prostitución

– ¿Puede describir un panorama general de la prostitución en España?

– Sí se puede. Pero hay que aclarar que la prostitución no es nada homogénea en España. Aunque únicamente se conoce el sector más precario y vulnerable, que es donde trabajan las ONG, existen otros. De hecho, calculo que este sector representa un 25 o 30% de toda la prostitución que hay en España.

Los otros dos tercios de la actividad de la prostitución operan en una situación mucho más oculta. Es una parte que no se pone en contacto con las ONG y que desarrolla la actividad de forma diferente: las mujeres ganan suficiente dinero como para no necesitar recursos como otras ciudadanas.

La gran mayoría de esas mujeres que ejercen en estas franjas suelen estar ya legalizadas o llevar tiempo residiendo en España. Otras que llevan poco tiempo, pero están bien situadas dentro de estos sectores, vienen con una visa de tres meses, trabajan y se marchan; provienen generalmente de América Latina. Se mueven a un nivel muy diferente: sus ingresos no tienen nada que ver con el sector más precario, que es el que conoce la gente por los medios y las ONG.

Existen tres diferentes sectores dentro del ámbito de la prostitución en España.

– Entonces, se pueden identificar tres niveles socioeconómicos de prostitución en España. ¿Es así?

– Sí, están:

  1. El sector más precario: es la prostitución de calle o locales abiertos al público.
  2. El nivel medio: Trabajan por contactos, por agencias, por el boca a boca, por las redes sociales cerradas… Es un sector que se mantiene relativamente oculto, pero es posible acceder a él para estudiarlo por parte quienes investigan este fenómeno. Ni las ONG ni la sociedad tienen conocimiento de cómo funciona este ámbito.
  3. El sector superior: El tipo de cliente determina un estatus alto y obliga a que permanezca mucho más oculto. Resulta muy difícil de estudiar, por su hermetismo.

Los dos últimos sectores de la prostitución, el medio y el alto, operan generalmente en estancias privadas: pisos, villas, chalets. Esto les permite pasar desapercibidos. El sector alto, en concreto, es impenetrable para su estudio, probablemente porque acuden a él personalidades, como políticos, futbolistas de élite, empresarios reconocidos. La doble moral existe en España: en el Parlamento, por ejemplo, se quiere aprobar una ley abolicionista, cuando muchos de los que están allí usan este servicio.

 – ¿Este panorama refiere a prostitución sólo de mujeres?

– Sí. No obstante, en los sectores medio y alto de prostitución se pueden encontrar casas donde la mayoría son mujeres, pero hay algún chico y alguna transexual. En general, las personas trans y los hombres que se prostituyen funcionan en otros circuitos. No están contabilizados, pero según nuestros cálculos, los chicos son minoritarios, seguidos de las trans; la mayoritaria son mujeres.

– ¿Quiere decir que la prostitución que más conoce la opinión pública en España es la minoritaria?

– Sí, lo que más se conoce de la prostitución en España es la parte más precaria y vulnerable. Es el sector donde están trabajando las ONG y a partir del cual se legisla, sin conocer muchas veces la realidad del resto de la actividad. Esta parte “oculta” se ríe cuando oye hablar sobre el tema en medios de comunicación, porque entiende el desconocimiento que la sociedad tiene. Pero esto pasa en España y también en otros países europeos.

Sin embargo, en los países en los que la prostitución está regulada, o más o menos legalizada, el conjunto de la actividad es más visible. Donde la legislación es inexistente, los sectores medio y alto permanecen ocultos, como ocurre aquí. En esos países también hay consumo de sustancias, sobre todo de cocaína: drogas hay en todos los lugares donde existe negocio de sexo.

– ¿Cómo se relacionan estos diferentes segmentos de la prostitución con el consumo de drogas en España?

– En todos los sectores de prostitución hay consumo de drogas. Las sustancias psicoactivas son un instrumento de trabajo para la gran mayoría de las personas que ejercen esta actividad. Si hay que hablar de tipo de sustancias en la prostitución, podemos decir que:

  • En el sector más bajo las mujeres consumen alcohol, hachís, cocaína, éxtasis, aunque este último es más minoritario.
  • En los sectores medio y alto se consume poco alcohol. Beben una copa de cortesía, pero el sexo no gira en torno a esta sustancia. Hay, en cambio, bastante consumo de cocaína. De hecho, ellas califican a un tipo de cliente como “loquitos”, porque consumen la coca en intensidad y esto les conduce a tener comportamientos que definen “de locos”. También hay quienes no consumen absolutamente nada.

En los países en los que la prostitución está regulada, o más o menos legalizada, el conjunto de la actividad es más visible.

Carmen Meneses
El uso de la cocaína

La cocaína: estímulo para el negocio del sexo

– ¿Qué papel tiene el uso de la cocaína en la parte media y alta de la prostitución?

– Algunas mujeres en estos sectores medio y alto trabajan con cocaína, pero otras no. Las que trabajan con cocaína ganan muchísimo más que las que no lo hacen. Por eso, a menudo dentro de un mismo espacio es difícil que unas ejerzan con cocaína y otras se nieguen, porque al final acaban dándose una competencia desleal que genera malos rollos. Por tanto, el uso de cocaína en la prostitución lo determina el espacio: pisos, casas, chalés, donde se trabaja con cocaína y o sin ella directamente.

Por otra parte, muchas mujeres articulan una serie de estrategias para que el uso de sustancias psicoactivas no les afecte “demasiado”. Algunas abusan, pero otras realizan usos muy controlados; incluso algunas directamente simulan el consumo. Cuanto más subes en la escala de sectores, más difícil es engañar a un cliente de que has consumido. Lo que está claro es que las drogas están presentes siempre en la prostitución.

– ¿Existen personas que empiezan a prostituirse para acceder a las drogas?

– Sí, pero aunque hay personas que se prostituyen para conseguir sustancias, eso actualmente en España es muy minoritario. En los años 80 y 90, incluso a principios de este siglo, sí se daba esta dinámica, que estaba relacionada sobre todo a personas que consumen opiáceos. Pero ahora mismo esto no se da. Las adicciones que te puedes encontrar en prostitución se producen porque en el propio ejercicio de la actividad se ha descontrolado ese uso más instrumental que hacen las mujeres de las sustancias.

Es imposible negar que, por ejemplo, en sitios como Cañada Real algunas personas que están consumiendo todavía opiáceos se prostituyen para conseguir sustancias. Pero es un sector reducido y muy, muy precario y vulnerable. Para encontrarlo hay que ir a las ciudades donde existe trapicheo de drogas: Marconi, en Madrid, el polígono Guadalhorce, en Málaga, el polígono de Alfafar, en Valencia. En las grandes ciudades quedan algunas mujeres que ejercen la prostitución en el centro de una manera mucho más invisibilizada: mayores de 40 o 45 años con problemas de alcohol.

Las que trabajan con cocaína ganan muchísimo más que las que no lo hacen.

Carmen Meneses

– ¿Cuál es el motivo que dan las mujeres para usar las sustancias de forma “instrumental” en la prostitución?

– El motivo que dan para el empleo de sustancias es que las demanda el cliente, quien muchas veces lo que quiere es consumir con ellas. Además, si éste ha mezclado cocaína con alcohol y, a lo mejor, otra sustancia, suele tener problemas de erección. Por tanto, se pasan muchas horas consumiendo, charlando, recibiendo masajes, quizás sexo oral, y poco más, porque no puede ir contra su fisiología. Y esto implica muchas horas de servicio para ellas, que cobran por horas: con un servicio completo puedes estar 1 hora y, depende del sitio, cobrar un término medio de €150 por hora. Si alguien está 6 horas, sólo es cuestión de multiplicar.

En este sentido, la cocaína la lleva a menudo el cliente. Ellas prefieren no involucrarse, ya que muchos de los sitios donde trabajan se lo prohíben: las encargadas no quieren problemas de drogas. ¿Qué es lo que hacen? Las encargadas les dicen: “Yo no me voy a meter en lo que haces en la habitación, pero por aquí (en los espacios comunes) no quiero nada.” De esta forma, si la policía entra a hacer un registro, encontrará la droga entre sus cosas, pero no como parte de una distribución dentro de la villa, chalet o piso.

En los locales, en los clubs de alterne con licencia, ocurre lo mismo. Una vez al mes pasa la policía con un perro antidroga para detectar sustancias en los espacios públicos. Sin embargo, no suelen meterse en la habitación. Esto demuestra que el motivo, por tanto, para usar cocaína con los clientes es, fundamentalmente, el dinero de más que pueden generar.

Adicciones en el sector de la prostitución

Dependencias y adicciones en las personas prostitutas

– ¿Existe más adicción en las personas que ejercen la prostitución a causa de esta predisposición o apertura a usar de forma instrumental las drogas?

-Sí, se nota. Hay mucha dependencia, por ejemplo, a pastillas, a psicofármacos y al alcohol, en los entornos de prostitución del sector medio. Y en ocasiones dependencia a cocaína, incluso un consumo demasiado intensivo de esta droga. Algunas mujeres reconocen que han necesitado períodos para desengancharse de la cocaína. Pero lo han hecho en general solas.

Hay varios estudios internacionales que plantean que las mujeres son más capaces que los hombres de abandonar la dependencia o el consumo más o menos intensivo de sustancias. ¿Por qué? El estigma y el doble rasero que existe sobre ellas a causa de comportamientos que no son socialmente admitidos, como consumir, les fuerza a ello. En un hombre, por ejemplo, se admite que esté borracho, pero a una mujer se la califica doblemente.

Así que, en general, las mujeres en el entorno de la prostitución, en el sector medio, suelen dejar ellas mismas los consumos compulsivos o intensivos, sobre todo de cocaína. Hay quienes no, quienes continúan, pero sobre todo se observa mucho con el alcohol. Esta sustancia es más complicada de dejar y suelen necesitar ayuda. La cocaína, la cogen y la dejan.

– ¿Por qué consumen psicofármacos?

– Tiene que ver con el tema del sueño: están trabajando toda la noche y luego apenas duermen. Por eso acaban enganchándose a los psicofármacos. Y se los recetan entre ellas: tienen un mercado ilegal.

Algo similar a lo que ocurrió con el gobierno de Rajoy, cuando se impedía a los inmigrantes que no tuvieran papeles, el acceso al médico de cabecera, y sólo se les permitía acudir a urgencias. Eso ayudó a generar un mercado ilegal importante de antibióticos. En el caso de la prostitución, las mujeres utilizan antibióticos también de esta manera.

Ninguna ONG trabaja este aspecto. Estas organizaciones están enfocadas en “eliminar” la prostitución, cuando hay otros temas que atender. Tienen una visión reducida que pasa a todas las mujeres prostitutas por víctimas de trata, cuando este se corresponde con un sector muy reducido del total de la prostitución. En cambio, están dejando de trabajar un montón de elementos que son fundamentales: alimentación, sueño, automedicación, pautas de salud que la propia dinámica de prostitución les impide tener.

Riesgos derivados del ejercer prostitución y consumir drogas

– ¿Cuáles son los riesgos que surgen de ejercer la prostitución y consumir sustancias?

– Los riesgos fundamentales de ejercer la prostitución y consumir sustancias son:

  • Descontrol. No se controla igual cuando se ha bebido o ha consumido.
  • Contagios. Hay un riesgo relevante de desprotección y, por tanto, contraer enfermedades.
  • Violencia. Las drogas pueden favorecer escenarios de violencia promovidos por el cliente.
  • Abusos. Existen unos procesos de negociación que cuando la persona está bien y no tiene nada en el cuerpo, se gestionan de una forma diferente, más consciente.

Las adicciones se pueden superar con la ayuda adecuada.

– ¿Los riesgos de consumir sustancias son mayores en un sector de prostitución que en otro?

– Los riesgos se dan sobre todo en el nivel más vulnerable. En este sentido, las que trabajan de forma independiente, las que no trabajan asociadas con otras. Pero incluso los clubes tienen seguridad y no permiten cualquier cosa. Además, todas las mujeres cuentan con un botón de pánico.

En un nivel medio y alto el tipo de cliente, aunque pueda ser usuario de cocaína, suele ser mucho más moderado y discreto: un político, un directivo de una empresa, un futbolista no quieren salir en los periódicos. Por eso suelen tener un comportamiento diferente que el hombre que va a un club de alterne.

En general, ellas son conscientes de los riesgos que corren cuando hay consumo. Pero aun así, hay que reforzar su capacidad de articular mecanismos para evitarlos. Por ejemplo, formarlas en lo que ocurre cuando se da interacción de sustancias. Porque como no los conocen, de pronto pueden tomar cocaína con un psicofármaco o con alcohol. La mayoría de personas, por más estudios que tengan, desconocen estos efectos.

– ¿Existen planes para prevenir el uso de drogas en este sector de la población?

– No, una de las cosas que falta en todos los segmentos de la prostitución es la prevención sobre el uso de droga. Debería hacerse una previsión de disminución de riesgos. Es decir, por una parte, se debería apoyar y reforzar a las que ya tienen estrategias para la disminución del riesgo de consumo. Por otra, a aquellas que no las tienen, enseñárselas.

Si bien estas acciones no evitarán que consuman, porque el dinero que se gana por usar drogas dentro de la prostitución es muy grande; hay que ser realistas. Con las drogas de los años 80 y 90, justo cuando arrancaron las estrategias de disminución de riesgo, se empezaron a controlar los problemas sociales y de salud pública derivados del consumo. Por tanto, la abstinencia no es una cuestión que se esté planteando dentro de la prostitución.

El origen de las personas prostitutas

Mitos y realidades sobre el origen de las personas que ejercen la prostitución

– La opinión pública suele relacionar la prostitución con las mujeres extranjeras. ¿Por qué?

– Es un prejuicio. Pero hay que aclarar una cosa: las españolas que ejercen la prostitución no están aquí, están por Europa. Por ejemplo, en los negocios de sexo en Ginebra, donde se encuentran españolas de 18 a 35 años. Ellas viajan a ejercer la prostitución, vuelven para España y nadie se entera. El 40% de las trabajadoras sexuales de Ginebra son españolas.

– ¿Cómo se traduce ese porcentaje en cuanto a origen de quienes ejercen la prostitución en España?

– Aquí la cantidad de mujeres españolas ejerciendo la prostitución está entre el 20 y el 30% del total. Estas mujeres se activan y se desactivan, según la situación económica por la que atraviesen. En los momentos de mucha crisis, hay muchas más españolas ejerciendo. Y, consecuentemente, menos en los momentos de mayor bonanza económica.

También hay muchas mujeres españolas que compaginan otros trabajos con la prostitución: a lo mejor tienen un empleo flexible. Esto les permite marchar una semana fuera y en ese tiempo traen mucho dinero: hay que tener en cuenta que el franco suizo vale más que el euro.

– ¿Cuál es el perfil de edad y perfil socioeconómico según cada segmento de mujeres que ejercen la prostitución en España?

– En el sector precario hay de todo, pero es gente siempre con pocos recursos. En el sector medio y en el alto tienes muchas mujeres tituladas, que han pasado por la Universidad y que en un momento dado se han visto con un trabajo de mil euros y haciendo 9 horas diarias, de lunes a sábado. Mientras que en 2 horas como prostitutas sacan 500 euros: ¿Conclusión? Con el mercado laboral español, es lo que hay. ¿Por qué la mujer se va a la prostitución? Por dinero y punto. Es una forma de sacar dinero y, además, en negro, porque al no estar regulada…

Anexo: Carmen Meneses y su trabajo de investigación

Cuando los medios “distorsionan” la realidad de la prostitución en España

Carmen Meneses Falcón

Viviendo en el burdel” es el producto de 10 años de trabajo de campo, donde la autora convivió con personas que se prostituyen en locales de alterne públicos, con licencia, de España, durante períodos de una semana y media. La autora es Carmen Meneses Falcón, antropóloga, quien dirigió su investigación a estudiar el sector medio de la prostitución: el alto es inaccesible, por su hermetismo, y el bajo es el más conocido, el que sale en la tele y los periódicos; y, probablemente, el menos representativo de la actividad del negocio del sexo, según esta investigadora. 

¿Cómo? ¿La prostitución no sólo se ejerce en la calle en condiciones marginales? No, responde rotundamente la autora. Esa es la imagen mediática de la prostitución. Ahora bien, una cosa está clara: en los tres escalones socioeconómicos que ella diferencia en el negocio de la prostitución se consumen drogas con un uso “instrumental”. Este uso, claro, puede generar dependencias y adicciones.

Lo que llevó a Meneses Falcón a interesarse por la vida en los burdeles fue lo que define como “el baile de cifras que tienen en general los medios de comunicación y muchas ONG, que quieren conseguir políticas punitivas”, las cuales, asegura, “van a perjudicar a las mujeres”. 

– ¿De qué forma estudió la prostitución en este sector de la actividad que ha reflejado en el libro?

– Yo soy antropóloga. ¿Entonces, qué hice? Meterme en la realidad. Hice una encuesta a empresarios y empresarias de alterne. Les pedí una entrevista. Alrededor de 25 me dijeron que me la concedían. Después les pedí que si, no tenían nada que ocultar, me dejaran estar en su local. La mayoría me dijo que sí. Y desde el 2014, que fue el primero, hasta el 2019, que ha sido el último, he ido compaginando con la Universidad y he vivido 10 días en cada uno de estos locales como investigadora: desayunaba con ellas, comía con ellas, estaba la barra… Estaba un poco en los espacios donde ellas estaban, exceptuando dentro de la habitación, donde no estaba dispuesta a estar. También me he relacionado con los clientes en algunos centros.

– Parece que la imagen que se transmite del ejercicio de la prostitución difiere de lo que muestran los estudios… ¿Es así?

– Efectivamente, hay un montón de aspectos que se desconocen. Las ONG que están trabajando en el terreno, sobre situaciones tan precarias y tan límites, piensan que esos escenarios representan toda la prostitución. Y no es cierto: la prostitución es mucho más amplia.

Un estudio con una muestra de 550 trabajadoras sexuales (sobre todo chicas, pero también algunos chicos y trans), demostró que sólo un 8% había contactado en alguna ocasión en su vida con una ONG.

– ¿Qué es lo que más criticaría de la imagen que los medios de comunicación transmiten de la prostitución?

– Están transmitiendo una visión falsa de víctima, de pasividad, de que toda la prostitución es lo mismo, y no es cierto. En España actualmente se quiere aprobar una ley que, en el fondo, es abolicionista, que prohíbe la prostitución. Y las prohibiciones nunca han sido buenas. De hecho, han generado una clandestinidad de las mujeres, quienes por ese motivo han sufrido peores indicadores de salud y de violencia.

Por otra parte, los datos que se están manejando no son ciertos: que el 90% de las mujeres en prostitución son víctimas de trata no es cierto. Estamos en un 10%, como mucho un 15%. Un estudio en el País Vasco indicaba que eran un 9%. ¿Entonces, qué pasa? Que se busca conseguir una ley abolicionista, prohibitiva, y, por tanto, hay que dar determinados mensajes en los medios de comunicación y a nivel público.

Las personas que legislan piensan que si España replica la ley de Francia o la de Suecia se acabará con la prostitución. En Francia tienen la misma situación, o peor, que en España. Y el caso de Suecia es diferente porque allí viven cuatro millones de personas y en España 48 millones: no se puede extrapolar la legislación de un lado para otro, sin tener en cuenta el contexto, porque no funcionará.

– También ha estado en locales de prostitución de otros países europeos…

– Me he pasado dos meses investigando la presencia española en los negocios del sexo en Ginebra. Y hay un flujo muy importante de españolas hacia allí. Me interesaba ver sus motivaciones: por qué iban, venían. Mi hipótesis era que, igual que vienen muchas latinas aquí y se pueden encontrar situaciones de trata y explotación, las españolas que viajan a otros países de Europa también se lo deberían estar encontrando.

– ¿Y qué ha comprobado?

– Resulta que no es así exactamente, porque Ginebra lo tiene mucho más controlado. Primero, porque Suiza no es España, es pequeño. Segundo, porque está muy controlado todo, está regulado. Los casos de trata inmediatamente los detectan, mucho más que en España. Incluso es el mismo sector el que denuncia cuando hay una víctima de trata, pues les perjudica. A mí me llama la atención que un parlamento de izquierda, como el de España, abogue por una ley abolicionista que prohíba la prostitución: esto genera situaciones de clandestinidad y de precariedad en las mujeres. Y esa es la visión que ahora mismo hay en los medios de comunicación: se quiere prohibir y abolir la prostitución de la manera más insensata.

– ¿Pero existe explotación en el sector medio de la prostitución en España, que es el que ha estudiado?

– Hay explotación porque no está regulado. Por ejemplo, en una casa el servicio cuesta €160 y la casa se lleva la mitad. Si estuviera regulado, esto no pasaría. En Suiza lo está y la empresa no puede llevarse más de un 40%. Que en un servicio la mujer tenga que pagar el 50% por la habitación o por el local, aunque sea la casa la que contacte con el cliente, es explotación. Las propias mujeres lo consideran así: explotación, pero no de tipo sexual, sino laboral. Ellas entienden lo que hacen como un trabajo.

– Sí, una parte de la sociedad considera la prostitución como un trabajo como cualquier otro. ¿Qué opina?

– No comparto la visión de que la prostitución sea un trabajo como cualquier otro, porque hay situaciones de desprecio y humillación. Si bien esto sucede mucho más en el sector precario: en el sector medio y alto se opera de forma diferente, las mujeres tienen otros recursos: estudios, idiomas, conocimiento, habilidades… Es otra historia, que se desconoce.

 – En cualquier caso, el dinero es un elemento fundamental no sólo para ejercer la prostitución, sino que también promueve el uso de sustancias. ¿Es así?

– Puede haber una parte de ellas a las que les gusta mucho el sexo, que son mujeres muy sexuales, y aprovechan esa capacidad sexual que tienen para ganar dinero. Es una parte de mujeres que se plantea, en algún momento de su vida, pasar de tener muchas relaciones de forma natural, espontánea, a cobrar por ellas, a dedicarse a la prostitución. Son mujeres que hacen la siguiente reflexión: “si en el fin de semana tengo dos relaciones sexuales porque me da la gana, porque he ligado, y a lo largo del año he tenido un montón, pues las podía cobrar” y sacar para vivir.

Cuando estas mujeres se conectan con otras que ya están en la actividad, deciden dedicarse a esto. Son chicas diferentes a lo que generalmente describen los medios de comunicación. La imagen pública y la imagen social de víctima de explotación que se tienen de la prostitución corresponde más bien a un sector minoritario de las mujeres que se dedican a esta actividad.

– Se considera que la prostitución, aunque sea supuestamente consentida por parte de la mujer, responde un condicionamiento estructural de desigualdad de género, de falta de oportunidades. Dicen: “no es cierto que las mujeres elijan ejercer la prostitución por más que ellas lo digan.” ¿Qué opina?

Esa idea es más ideológica, moralista, que otra cosa. En otras épocas, era la Iglesia católica la que quería rescatar a las prostitutas. Ahora la Iglesia católica ha sido sustituida, por una parte, del feminismo, por un feminismo carcelario que quiere utilizar el Código Penal para erradicar la prostitución.

Con el Código Penal no se educa a la gente. A la gente se la educa con otros valores, con un mercado laboral mejor, con mejores niveles de salud, de bienestar social… La educación, las creencias, los valores, la cultura, no se cambian a golpe de Código Penal. Ese sector del feminismo conoce muy poco la realidad de la prostitución.

Eso es lo que se debe trabajar en España: invertir más en salud, en educación y en servicios sociales. Y fomentar un mercado laboral mucho más seguro para las mujeres. Ahora bien, es más fácil endurecer el Código Penal (de hecho, ya tenemos una de las legislaciones más duras de la Unión Europea, en algunos temas) que revisar todo lo anterior.

De hecho, debería ser el Instituto Nacional de Estadística el encargado de estudiar, por medio de una encuesta, y de obtener datos sobre prostitución en España. Como se hizo en 2003 sobre sexualidad. Pero no es el Ministerio de Igualdad desde donde debe realizarse este trabajo.

– Entonces, ¿cree que las mujeres ejercen de forma consciente, aún sabiendo que si la estructura fuese más igualitaria, podrían no hacerlo?

– El consentimiento se da y no se da en muchos ámbitos de la vida, no solo en prostitución. Muchas mujeres me han dicho: “Estoy mejor de prostituta que cuando era camarera, que me tocaban el culo, que el jefe me hacía no sé qué, que me sentía acosada, que trabajaba un montón de horas, que me pagaban una miseria…”. Entonces, ¿cómo queremos cambiar esta estructura?

El consentimiento está para todo. Por ejemplo, ahora mismo en los centros penitenciarios hay mujeres que han cometido un delito obligadas por sus parejas, y que, por tanto, han sido víctimas de violencia de género. ¿Y por qué las tenemos en prisión? En este caso, esa parte del feminismo no dice ni hace nada por ellas. En cambio, por las prostitutas sí quieren hacerlo.

O sea, que la necesidad de consentimiento para estas mujeres no se aplica, pero sí para las prostitutas. En otras palabras, cabría preguntarse: ¿Las prostitutas no saben realmente lo que hacen, pero sí lo sabían las que castigamos y metemos en prisión porque han robado forzadas por su pareja (en una relación de violencia de género)?

En mi opinión, este es un feminismo que no está con las mujeres, sino que es ideológico. Es un feminismo desde el privilegio, porque todas las que reivindican todo eso se sitúan en un pontificado de bienestar. No son mujeres que tienen a su familia dependiente de ellas a ocho mil kilómetros y que además están irregulares. Hablar desde el Parlamento sin bajar al terreno es muy fácil. Y cuando el problema o el fenómeno social está oculto, como en el caso de la prostitución, es aún mucho más difícil de ver.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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