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¿Qué puede pasarte si mezclas alcohol y cocaína?

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mezclar cocaína y alcohol

Los efectos del cocaetileno en el organismo

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¿Por qué mezclar alcohol y cocaína? ¿Por qué combinar ambas drogas? En el fondo, la respuesta acaso hay que buscarla en el sistema dopaminérgico desequilibrado, que siempre busca más y más, sin límite. En concreto, más y más sensación de placer, de evasión, de euforia.

Las personas con adicción a la cocaína con frecuencia confiesan haber ingerido, casi siempre, atracones de alcohol al mismo tiempo. En la mayoría de casos ocurre esto, que cuando abusan del polvo blanco lo hacen también del etanol.

Pero, ¿qué proporciona los consumos simultáneos, o casi? Hablamos, por ejemplo, de mezclar en una noche de juerga unas rayas de coca con varios cubatas.

La combinación de ambas sustancias provoca una intoxicación mayor en el organismo que si se consumen de forma aislada y aumenta los efectos que se obtienen y su duración.

Así, mezclar alcohol y cocaína provoca:

  • Mayor más prolongada sensación de euforia
  • Mayor deshinibición a nivel conductual, de la agresividad y el comportamiento sexual
  • Mayor toxicidad en el sistema nervioso central
  • Mayor toxicidad cardiovascular

¿Cómo se llama la mezcla de cocaína y alcohol?

SÍNTOMAS DEL COCAETILENO

Pero, ¿por qué ocurre este aumento de los efectos al mezclar cocaína y alcohol?

La cocaína actúa en el cerebro como barrera, como obstructor de los receptores neuronales, impidiendo la recaptación de los neurotransmisores nordadrenalina y dopamina, relacionados con la sensación de placer y de euforia.  Es decir, que la molécula de cocaína inhibe el retorno de estas sustancias a su neurona de origen, como ocurriría en el funcionamiento normal del órgano, donde la persona experimenta esas sensaciones de forma pasajera, equilibrada. Pero bajo el efecto de la cocaína, el subidón emocional derivado de la liberación descontrolada de esos neurotransmisores, se prolonga y potencia.

Cuando ingerimos algo, el órgano encargado de metabolizarlo es el hígado. Al mezclar alcohol y cocaína, el hígado produce un metabolito llamado cocaetileno, que se distribuye por diferentes órganos, llegando definitivamente al cerebro. Una vez allí, actúa como la molécula de la cocaína (de hecho presenta una estructura similar), pero con algunas diferencias sustanciales.

El cocaetileno trabaja de forma más selectiva sobre la dopamina, impidiendo su recaptación neuronal, y eleva la cantidad de endorfina en ciertas partes del cerebro de forma notablemente superior a la cocaína pura. Como consecuencia, los efectos euforizantes, de placer y recompensa derivados del cocaetileno, de mezclar alcohol y cocaína, son más potentes que si solo se consume el polvo blanco.

Efectos de mezclar alcohol y cocaína

Además, al consumirse de forma simultánea, ambas sustancias se degradan de forma más lenta, y eso explica que los efectos euforizantes duren más tiempo en el organismo. Si a esto sumamos que la combinación reduce los dolores de cabeza provocados por el etanol, la descoordinación motora de la ebriedad, la locuacidad y la atención, obtenemos más motivos para que la mezcla de alcohol y cocaína sea cada vez más frecuente.

Los riesgos de mezclar alcohol y cocaína, a medio y largo plazo, también se agravan, en comparación al consumo de las drogas por separado:

  • Complicaciones coronarias (existe una probabilidad de muerte repentina de 18 a 25 veces mayor que consumiendo solo cocaína)
  • Complicaciones inmunotoxológicas
  • Mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares
  • Mayor riesgo de conductas agresivas y violentas (agresión sexual, problemas en la pareja, enfrentamientos)
  • Aumento de la probabilidad de protagonizar accidentes de tráfico y de otro tipo
  • Mayor probabilidad de muerte violenta
  • Incapacidad de controlar el consumo y, por tanto, mayor probabilidad de intoxicarse con consecuencias letales
  • Mayor probabilidad de sufrir alteraciones funcionales neuropsicológicas
  • Mayor dificultad para conseguir resultados positivos en un proceso terapéutico de recuperación

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    Tomar alcohol y cocaína

    A menudo, el consumo excesivo de alcohol conduce al abuso de otras drogas, especialmente de cocaína. El efecto deshinibidor de la bebida predispone a la persona a probar otra sustancia para experimentar su efecto. Pero también ocurre a la inversa: quienes consumen cocaína tienen más probabilidades de darse un atracón de alcohol. De hecho, si una persona que abusa del alcohol puede llegar a ingerir 10 consumiciones en un evento; alguien que ha consumido coca puede consumir el doble, es decir, 20 consumiciones en una ocasión.

    Mezclar alcohol y cocaína también se asocia a diversos trastornos psiquiátricos. Personas que sufren trastornos afectivos, de ansiedad, psicóticos, de conducta alimentaria, de personalidad, déficit de atención con hiperactividad, suelen abusar de estas drogas de forma simultánea. Por tanto, un tratamiento de estas dependencias también debe contemplar el de esos trastornos. Es lo que se conoce como patología dual.

    Además del tratamiento farmacológico para ambas adicciones, el tratamiento a la dependencia simultánea de alcohol y cocaína obtienen mejores resultados con terapias cognitivo conductuales.

    Por otra parte, está la manera en que estas sustancias puede interactuar en el tiempo. Algunos estudios señalan que las personas que han sufrido dependencia a la cocaína alguna vez en su vida, tiene mayor probabilidad de recaer, una vez recuperadas o en proceso de, si beben. Así, el contacto con el alcohol representa un factor de riesgo de craving (o recaída) muy sensible, porque el etanol se transforma en un estímulo condicionado que lleva a la busca de más. Esto significa, sencillamente, que alguien en tratamiento para consolidar su abstinencia a la coca puede echar todo por la borda si se toma unos vasos de cerveza.

    De forma inversa, quienes han superado una dependencia a drogas ilegales, o consolidado su abstinencia, como a la cocaína, tienen más puntos para desarrollar alcoholismo en el futuro, según el estudio de Rubio i cols., 2008. En esta investigación de cuatro años se demostró que el 67,9% de las personas estudiadas que abusaban del alcohol y que consumían también cocaína, se terminaron por convertir en dependientes del alcohol, frente al resto que solo consumía coca. Esto se explicaría por la sensibilización del sistema de la dopamina como consecuencia de la adicción superada, que los predispone de forma especial a desarrollar otra dependencia.

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