SEGURIDAD SOCIAL
Atención pública de las adicciones en España: debilidades y fortalezas
¿Cómo funciona el sistema público para tratar dependencias en el Estado español?
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No existe el sistema perfecto. Dicho esto, el de la atención pública de las adicciones en España presenta diferentes debilidades y fortalezas. Empezando por esta última, destaca la entrega de sus profesionales, es decir, la “gran vocación humanitaria” de quienes lo integran. Este aspecto encomiable convive con diferentes debilidades del sistema público de atención de las dependencias:
- Falta de formación continua y especializada, para conseguir plantillas profesionales que enfoquen el tratamiento de la adicción como una enfermedad que responde a un conjunto de causas.
- Falta de fidelización de profesionales, para evitar que dejen sus plazas en busca de mejores condiciones, lo cual afecta a la continuidad de seguimiento del paciente.
- Falta de plazas de desintoxicación, o deficiente gestión de las mismas, para aquellos casos graves que necesitan una atención urgente (las comunidades terapéuticas en españa sólo reciben personas en abstinencia).
- Largas listas de espera para ingresar a comunidades terapéuticas, lo cual va en contra de los tiempos en que muchas personas adictas graves mantienen la idea de ingresar.
- Falta de integración del sistema en la geografía española, de modo que una persona que se atiende en una Comunidad Autónoma carece de historia clínica en otra.
- Falta de uniformidad en la estructura de recursos dedicados a atender a personas adictas entre Comunidad Autónoma, pues difiere enormemente el área donde se ubica la gestión de esta enfermedad.
Esto es lo que se desprende de la conversación que el CIA de Adictalia tuvo con el expresidente de la comunidad científica Socidrogalcohol, el psiquiatra Francisco Pascual Pastor, quien fuera también director de la UCA de Alcoi. Un especialista con un amplio recorrido en el ámbito público de las adicciones en España.
La Constitución española reconoce la atención de la salud como un derecho fundamental. Cuanto menos, como un principio rector de la política social y económica. Y, en el artículo 43, concretamente, se establece tanto el derecho a la protección de la salud como la que los poderes públicos deben organizar y tutelar la salud pública. Este artículo se traduce en la obligación de dichos poderes en garantizar el acceso a los servicios sanitarios, entre ellos, los relacionados con el tratamiento de adicciones.
¿Tendrán relación las debilidades que señala este psiquiatra con el hecho de que la sociedad española, y, por tanto, las administraciones políticas, no terminen de concebir la adicción como una enfermedad compleja y urgente, como tantas otras?
Por lo pronto, la mayoría de los cientos de llamadas que gestionan las terapeutas de Adictalia cada mes, se queja de la falta de alternativas públicas para atender la adicción de un familiar o la suya propia. Personas que carecen de recursos económicos para acceder a centros privados y a las que, no obstante, el equipo terapéutico presta asesoramiento continuado: el 85 por ciento del tiempo de comunicaciones de Adictalia se destina a personas que nunca podrán ingresar a un tratamiento pago.
Debilidades del sistema público de adicciones
– ¿Qué debilidades tiene el Sistema Público de tratamiento de las adicciones en España?
– La principal debilidad es que vivimos en un Estado autonómico. Esto no quiere decir que sea malo, pero debería haber unas directrices comunes para que cualquier persona tenga las mismas opciones terapéuticas, farmacológicas y de diagnóstico, independientemente de dónde viva o si se traslada a lo largo del territorio español.
Tener 17 sistemas distintos implica que en algunas Comunidades Autónomas la atención a los trastornos adictivos está imbricado en el sistema público de salud. Es decir, forma parte de las distintas consejerías, dependiendo de la Autonomía de que se trate. En cambio, en otras CC.AA. se echa en falta considerar la adicción como una enfermedad que debe ser tratada por la sanidad pública, antes que por organizaciones no gubernamentales (ONG), diputaciones o ayuntamientos, como suele ser.
– ¿Y qué consecuencias acarrea que la adicción las traten otras instituciones?
– Esto trae consigo consecuencias como, por ejemplo, que una persona no tenga acceso a una receta o que no exista una historia clínica unificada entre CC.AA.
¿Qué implica esto? Que el historial clínico de una persona no está conectado con el de atención primaria o el del hospital cuando va a un centro de atención a adicciones. Esto puede provocar duplicidades y un devenir en la atención del paciente. Esta persona tiene que ir cambiando entre la unidad de adicciones, la cual a lo mejor no puede hacer una prescripción diagnóstica o terapéutica, y el médico de atención primaria, para conseguir la receta que necesita.
Pero además, hay que tener en cuenta que los facultativos, en este caso los médicos de adicciones, están “haciendo una recomendación” sobre la medicación. Y el médico de atención primaria teóricamente no debería tener la obligación de prescribir algo que ha dicho otra persona.
El principal problema es la inexistencia de una verdadera estructura y coordinación de los trastornos adictivos en el Estado español.
La diferencia entre Comunidades Autónomas en cuanto a la atención de las adicciones es una debilidad importante del sistema público. En algunas, este servicio está ubicado en el área de Salud mental, en otras en Atención primaria, y en otras no sabemos exactamente dónde.
Si bien tenemos una tarjeta sanitaria en todas las Comunidades Autónomas que especifica “Sistema Nacional de Salud”, ésta, actualmente, no es una realidad en relación con muchas patologías. Y en relación con los trastornos adictivos, todavía menos. Por ejemplo, una persona que tiene tratamiento con metadona o buprenorfina que viaja a otra Comunidad Autónoma, no tiene cubierto el tratamiento con su tarjeta sanitaria de su CC.AA.. Es decir, en la suya sí está cubierto, pero en otra, no.
Además, en este caso, como profesional sanitario soy incapaz de consultar la historia clínica de esa persona, por lo que no sé si lo que me cuenta es real. Hay que comprender, en este sentido, que los pacientes con trastornos adictivos tienen tendencia a utilizar más fármacos de los necesarios. Así, una persona que sale de la cárcel puede decirte que allí le proporcionaban tal medicamento y tú no tienes constancia de ello.
Por tanto, el principal problema es la inexistencia de una verdadera estructura y coordinación de los trastornos adictivos en el Estado español.

Conoce historias reales de personas que han superado la adicción
– ¿Cuál es, por tanto, la principal necesidad de la Red Pública?
– Yo creo que el sistema público de adicciones en España tiene principalmente dos necesidades.
Por un lado, formar a profesionales. Existe de por sí una carencia de personal no sólo médico, sino también de psicología, trabajo social, enfermería. Y a esto se suma la falta de una formación específica sobre adicciones, que complemente lo que no se da muchas veces en el currículum de los grados universitarios. Hay que comprender que la enfermedad de la adicción es un trastorno con muchas especificidades y no tener una buena formación es un problema.
El tratamiento de las adicciones tiene un cuerpo realmente científico, didáctico, que debe explorarse en las formaciones. La visión de los trastornos adictivos debe pasar por entender que un paciente puede llegar con problemas sociales, con problemas de salud mental, pero también con problemas orgánicos.
Si no lo comprendemos, creo que trataríamos mal a la persona, porque una persona no son partes independientes. No puedo quitar el problema social y tratarlo por un lado, es decir, quitar el brazo y tratar el brazo solo. La persona es un todo.
La formación además te permite tener una cantera de profesionales, para que haya una continuidad a lo largo de los años y que no se generen vacíos de especialistas.
– ¿Qué otra necesidad detecta en el sistema público de adicciones?
– Fidelizar a los profesionales. Esto implica, en parte, que no haya diferencias, por ejemplo, en lo que cobra una persona en un lugar y otro. El profesional necesita que, independientemente de dónde trabaje, tenga un reconocimiento, incluso económico, de lo que está haciendo. Si no fidelizas al trabajador siempre se va a ir si le sale algo mejor. ¿Y quién sale perjudicado? El paciente que no tiene a su terapeuta a largo plazo.
– Ha indicado al menos tres debilidades en el sistema público…
– La formación de profesionales, la consolidación de las plazas y tener esa continuidad a lo largo de todo el territorio español, con una homogeneización de los recursos, son las principales necesidades de la Red Pública de adicciones.
Listas de esperaListas de espera en la sanidad pública para adicciones
– Muchas personas se quejan de las listas de espera para el tratamiento de las adicciones. ¿Qué opina?
– Esto tiene varias respuestas. En primer lugar, y quiero dejarlo bien claro, en el tratamiento del trastorno adictivo no hay urgencias. Es decir, hay una urgencia si tienes un riesgo vital, una intoxicación o un síndrome de abstinencia.
Escucho desde hace años la queja: “Es que me han citado para dentro de 15 días”. Cuando una persona acude al tratamiento del trastorno adictivo, bajo mi punto de vista, una “pequeña” espera terapéutica también puede estar bien. Porque muchas veces el paciente trae una demanda puntual de “atiéndeme ya porque he tenido un problema concreto, a niveles familiar, judicial, de tráfico, y quiero que me los soluciones…”. En estos suele suceder que actúas, haces algo como profesional para atenderle, pero luego el paciente desaparece.
Ahora bien, centrémonos en aquellos pacientes que necesitan otro tipo de urgencia más real: ingresar en un hospital para desintoxicarse [en casos de adicción grave] o por un síndrome de abstinencia. En estos casos la persona tiene que ir a su hospital de referencia, porque no tenemos recursos “específicos” para tratar este tipo de pacientes.
Con lo cual, ¿qué nos faltaría? En primer lugar, plazas de unidades de desintoxicación. Porque además, cuando tienes que remitir al paciente a una comunidad terapéutica para que consiga deshabituarse del consumo, te exigen que la persona esté abstinente desde un tiempo mínimo y que no entre intoxicado [en consumo]. Por tanto, si hay una demora inicial porque no hay recursos para desintoxicar, y luego para entrar en una comunidad terapéutica existe una lista de espera de nueve meses, cuando yo quiero actuar como profesional se nos ha pasado el tiempo.
Falta de recursosExiste una escasez de recursos, fundamentalmente en unidades hospitalarias de desintoxicación y en comunidades terapéuticas. Así también como en la etapa de reinserción, cuando la persona termina el tratamiento.
La falta de recursos públicos de desintoxicación
– ¿Faltan recursos en el sistema público de adicciones?
– No sé si existen pocos recursos (que los hay pocos), o si gestionamos mal los recursos. Quizá deberíamos valorar mejor la necesidad real del paciente. Por ejemplo, ingresar a una persona porque tiene un problema puntual a causa de su adicción, pero que carece de la motivación real para tratarse y, como consecuencia, a los tres días abandona el recurso, impide el ingreso de alguien con conciencia de enfermedad y necesidad real. Y cuando procrastino el ingreso a una persona que realmente tiene necesidad y motivación, estoy castigando realmente al que quiere. Aquí los profesionales tienen una labor de tamizaje.
Dicho esto, hay que aclarar que existe una escasez de recursos, fundamentalmente en unidades hospitalarias de desintoxicación y en comunidades terapéuticas. Así también como en la etapa de reinserción, cuando la persona termina el tratamiento.
Si desintoxicamos, deshabituamos y luego no damos oportunidades, con programas de empleo o centros de día. Y hablo de programas no para “hacer macramé”, sino para preparar a la persona deshabituada y desintoxicada para la vida. Esto implica tener un profesional que le ayude, le acompañe, le abra los ojos, le cambie el estilo de vida… Realmente, esto no lo tenemos en la mayoría de Comunidades Autónomas de España.
– ¿La sensación de desbordamiento de la demanda de atención por parte de los profesionales es coherente?
– Este es otro punto clave. Últimamente, estamos poniendo el foco en la importancia de la salud mental, sobre la que qué duda cabe. Pero hay que plantearnos: ¿Dónde trataríamos a esta persona que tiene un problema de salud mental y necesita una atención más intensiva y continuada? ¿En una unidad de salud mental ambulatoria de psiquiatría, donde la persona con adicción está con otras que sufren depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar…? Y donde, por tanto, la agenda de estos recursos se abarrota, las citas se dan cada cuatro meses y la labor terapéutica pierde eficacia. A veces el recurso que le queda al psiquiatra es medicar a la persona para atenuar sus síntomas.
La realidad es que necesitamos unidades específicas, estén o no dentro de Salud mental, para el tratamiento de la adicción. Atender a una persona adicta es mucho más que un cuadro clínico o un síntoma. Es atender a toda una serie de circunstancias que requieren intervención intensiva, sobre todo al principio, de al menos una vez a la semana. Después, cuando el paciente se estabiliza, las citas pueden darse cada 15 días, y posteriormente cada mes… Pero esto sin unidades específicas de tratamiento de adicciones es imposible.
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– ¿Está la red nacional de adicciones preparada para atender las necesidades de todo tipo de adicciones?
– Qué bonita es la palabra “red”… Porque la red impide que cuando alguien cae, se dé con el suelo, te frena y, además, estar imbricada para que, caigas por donde caigas, te sostiene, es decir: alguien te contiene. Esto actualmente en España no lo tenemos, la red no está preparada.
Además, ahora aparecen dos circunstancias nuevas. Por un lado, las NPS (nuevas sustancias psicoactivas), de las cuales muchas no conocemos siquiera los efectos. A pesar de que tenemos un sistema de alerta temprana en el Ministerio de Sanidad, encargado de advertir de la aparición de una nueva sustancia, las drogas siempre van por delante de la respuesta terapéutica o diagnóstica. Esto es así porque se tarda más en detectar y conocer los efectos que tiene.
Por otro lado, tenemos las adicciones sin sustancia. Actualmente, está reconocida como adicción el trastorno por abuso juego y alguna adicción relacionada con Internet. Poco a poco se ampliarán las clasificaciones nosológicas y diagnósticas. Pero actualmente no cualquier conducta compulsiva es reconocida como adicción.
La adicción al sexo o a las compras no están reconocidas como adicciones, si bien sabemos que tienen un mecanismo cerebral muy parecido al consumo de sustancias y que, por lo tanto, se asemeja… Aunque, incluso, esto necesita seguir estudiándose, porque tampoco tenemos una formación específica para tratar las peculiaridades de esas dependencias. Lo que hacemos, en la práctica clínica, es aplicar lo que conocemos de las dependencias a sustancias a las dependencias sin sustancias, y esto todavía está en una fase de evolución.
Por ejemplo, ¿hay fármacos que sirven para tratar una ludopatía? Sabemos que hay fármacos que sirven para tratar los impulsos, para regular el estado de ánimo, para intentar disminuir el craving, pero tampoco tenemos una evidencia científica de ello. Así que, ni la red está preparada, ni las investigaciones están todavía a la altura para dar resultados fehacientes y poder decir: “Esto es lo que vale”.
Fortalezas del sistema públicoFortalezas del sistema público de adicciones
– ¿Qué fortalezas presenta el sistema público de atención a las adicciones en España?
– El sistema actual tiene más debilidades que fortalezas. No obstante, la fortaleza más importante es la gran vocación de sus profesionales, independientemente de la formación que tengan. Médicos, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, monitores… están muy implicados, porque el trabajo en el campo de los trastornos adictivos es muy vocacional.
La gran fortaleza es que nos creemos lo que hacemos. Creemos en el trabajo que hacemos porque trabajamos con personas y desde un punto de vista muy humanitario. Y el estar próximo al paciente, a su familia, es un plus.
¿Qué es el sistema público?La formación de profesionales, la consolidación de las plazas y tener esa continuidad a lo largo de todo el territorio español, con una homogeneización de los recursos, son las principales necesidades de la Red Pública de adicciones.
¿Qué es el sistema público de adicciones?
El sistema público de atención de las adicciones está compuesto por tres niveles. Las instituciones públicas de tratamiento para las adicciones de la Seguridad Social están diseñadas en el Plan Nacional de Drogas de España, que comprende recursos para atención y seguimiento de personas adictas en todas las Comunidades Autónomas.
Primer nivel
El primer nivel está compuesto por personal de atención primaria de la salud: médicos de cabecera, trabajadores sociales… Distribuidos en los centros ambulatorios generales, se encargan de derivar a la persona adicta a las unidades especializadas en adicciones, después de detectar el caso.
Segundo nivel
El segundo nivel se compone de centros ambulatorios, en los cuales se interviene puntualmente a las personas adictas para conseguir la abstinencia. Las personas acuden a estos centros, a lo sumo, una vez semana desde sus lugares de residencia, para ser atendidas por un especialista.
En estos centros, equipos multidisciplinares brindan diferentes tipos de tratamiento a quienes son derivados a ellos para tratar una adicción. Las estrategias para cada paciente suelen ser personalizadas en función de sus características biológicas, psicológicas y sociales. Una de las intervenciones que brindan estos centros consiste en utilizar sustitutivos opiáceos o agonistas para tratar la dependencia a este tipo de drogas.
Tercer nivel
Unidades de desintoxicación hospitalaria: Donde ingresan las personas que necesitan una desintoxicación urgente o están sufriendo el síndrome de abstinencia. Pueden ingresar directamente por urgencias o ser derivadas del segundo nivel, los centros ambulatorios.
Centros de día: Apoyan el tratamiento ambulatorio de las personas con adicción de forma puntual, es decir, sin brindar residencia. Se utilizan cuando la persona ya ha terminado el tratamiento, sobre todo en la etapa de reinserción, donde aprende habilidades laborales, y para asistir a terapia de mantenimiento.
Recursos de apoyo a la intervención: Estancias terapéuticas donde viven en régimen semiabierto quienes se encuentran recibiendo un tratamiento. Ubicados en áreas urbanas, estos espacios cuentan con profesionales que realizan un seguimiento de las personas en tratamiento. Su objetivo puede ser apoyar el tratamiento ambulatorio ante la carencia de apoyo familiar de las personas adictas. O respaldar la inserción sociolaboral de quienes ya han pasado por un proceso de desintoxicación y deben regresar a la vida social.
Comunidades terapéuticas y centros de ingreso: Aquí residen por un tiempo personas que necesitan un tratamiento intensivo y controlado por un equipo multidisciplinar. Sin embargo, uno de los requisitos es entrar desintoxicadas, es decir, abstinentes.
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Equipo Adictalia
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