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“Con el Antabuse conseguimos un efecto disuasorio para quienes combinan alcohol con cocaína, pero no es la solución para la adicción”

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Entrevista sobre el Antabuse

ENTREVISTA CON FRANCISCO PASCUAL PASTOR, PRESIDENTE DE SOCIDROGALCOHOL

La investigación y la experiencia en adicciones le han demostrado a Francisco Pascual Pastor, presidente la Sociedad científica española de estudios sobre el alcohol, el alcoholismo y otras toxicomanías (SOCIDROGALCOHOL), que el auténtico tratamiento de esta enfermedad consiste en:

  1. abordar aspectos psicológicos de la persona,
  2. cambio de hábitos,
  3. mejora de condiciones de vida.

Los fármacos, como el famoso Antabuse (o Antabus como se conoce en España) para tratar el alcoholismo, pueden ser una ayuda, sí. Pero en ningún caso “la panacea”, es decir, la solución mágica que muchos buscan a un problema multidimensional como es la adicción. De ahí el riesgo de abusar en su prescripción.

Cuando le preguntamos sobre la vacuna contra la cocaína al también coordinador de la UCA de Alcoi y miembro del grupo de investigación PREVENGO de la Universidad Miguel Hernández, se ocupó personalmente de recabar la última información disponible para tratar el tema con rigor de actualidad. Llamó al NIDA, el instituto nacional de drogas de Estados Unidos, donde se han realizado diferentes ensayos, para empaparse de la última información sobre el tema.

Sobre estos ensayos, sobre la relación entre alcoholismo y consumo de cocaína, y sobre el tratamiento de las adiciones en general, dialogamos con Francisco Pascual Pastor.

FRACASO DE LOS ENSAYOS EN EEUU

¿Cómo fueron las investigaciones en Estados Unidos?

– Cuando empezó a experimentarse, la vacuna de la cocaína pretendía incidir en distintos aspectos, pero sobre todo el de ayudar a dejar de consumir la droga, lógicamente. De esta forma, se buscaba prevenir las recaídas, prevenir el daño cerebral y luego prevenir que el uso de una sustancia derivara en una adicción.

La idea de la vacuna contra la cocaína no era mala. Evitar que la sustancia pase la barrera hematoencefálica y llegue al cerebro. Pero fracasó en todos los sentidos.

Francisco Pascual Pastor

Empezaron para ello con unos ensayos clínicos. Los ensayos clínicos llevan un proceso con distintas fases. El último relacionado con la vacuna de la cocaína que se estaba haciendo por parte del NIDA estaba en fase tres cuando se presentó hará unos cinco años en el congreso de Socidrogalcohol. En esta fase se comprueba la efectividad de un medicamento o vacuna sobre las personas. Y fracasó, absolutamente. Es decir no tuvo evidencia en ningún sentido. Ahora se ha vuelto atrás y hay estudios en fase pre-clínica, que es como volver a los pañales de la investigación. Esta fase es la que te da la idea de qué poder utilizar para controlar, en este caso, una adicción.

– ¿Cómo pretendía actuar biológicamente esta vacuna?

– La idea no era mala. Cuando una persona toma cocaína, ésta pasa la barrera hematoencefálica, va al cerebro y provoca un  incremento de la dopamina y, por tanto, el estímulo que proporciona una droga estimulante. La vacuna se pretendía utilizar de 2 formas:

  1. La sustancia denominada “vacuna”, en este caso, no actuaría como las clásicas que conocemos, es decir, como la que se está ensayando para la Covid-19, la viruela u otras (las cuales se basan en crear anticuerpos). Sino que actuaría como una proteína que se solaparía, se uniría, a la molécula de la cocaína, para generar una molécula más grande que, por su tamaño, no pudiese pasar la barrera hematoencefálica. Con lo cual, cuando esta persona se hubiese “vacunado”, la nueva molécula que se formara entre la vacuna y la cocaína que ingiriera la persona, no podía pasar al cerebro y provocar su efecto. Esa fue la idea inicial.
  2. Cuando vieron que esto era difícil y que había cocaína que pasaba la barrera hematoencefálica, pensaron: “¿Y si la proteína introducida en el organismo en lugar de actuar en el torrente sanguíneo para provocar esta molécula que por su tamaño no pueda pasar la barrera, buscamos que actúe directamente dentro del cerebro uniéndose a la cocaína?”. Es decir, que trabajase en el propio cerebro para impedir que se diera un incremento de la dopamina.

Las dos formas se han ensayado y ninguna ha funcionado. Con lo cual, el ensayo clínico cayó y estamos otra vez en el inicio, viendo qué se puede hacer para que la cocaína no tenga efecto.

– O sea, que estamos muy lejos de lo que ocurre con otras drogas como el Antabuse para el Alcohol…

– Hay moléculas farmacológicas que sirven para el tratamiento de distintas sustancias. Por ejemplo, para los opioides tenemos agonistas y antagonistas. La aplicación de unos u otros dependen de si lo que queremos lograr en el paciente es, correspondientemente, una reducción del daño o perseguir la abstinencia a la sustancia, esto es, el programa libre de drogas. La metadona, la buprenorfina, son agonistas; la naltrexona o el nalmefeno son antagonistas. Los antagonistas opioides nos pueden servir para tratar el alcoholismo, porque actúan al mismo nivel que el alcohol. Son tratamientos aversivos, como el que se provoca con el Antabuse o el Colme, porque cuando la persona bebe tiene una reacción negativa y, como consecuencia, no puede continuar bebiendo.

El Antabuse o el Colme son fármacos aversivos, porque cuando la persona bebe tiene una reacción negativa y, como consecuencia, no puede continuar bebiendo. Para la cocaína no tenemos nada igual.

Francisco Pascual Pastor

– Y ninguna de estas cosas se ha conseguido para la cocaína…

– No. Para la cocaína, igual que para el cannabis, no tenemos nada. Para la nicotina, en cambio, sí, porque podemos actuar sobre los receptores nicotínicos. Pero como no hay identificados unos receptores cocaínicos específicos, se ensayaron estas dos opciones que comentamos:

  1. generar una molécula lo suficientemente grande de tamaño para que no pase la barrera, y aún así había cocaína que pasaba la barrera porque no se unían todas las proteínas.
  2. y la otra era bloquear la cocaína a nivel cerebral para que no hubiese un incremento de dopamina y así no generar la adicción.
molécula de la cocaína. El Antabuse para tratar tangencialmente esta adicción
Los ensayos de vacuna contra la cocaína no han conseguido generar una molécula suficientemente grande para que no pase la barrera hematoencefálica.

EL ANTABUSE NO ES EL PARAÍSO

TRATAMIENTO DE LA ADICCIÓN CON FÁRMACOS

– Tenemos diferentes tratamientos farmacológicos para el alcoholismo y aún nada para la cocaína. Es una pena, teniendo en cuenta también que ambos consumos están muy relacionados, ¿no?

– El consumo de alcohol y cocaína de forma conjunta es muy frecuente, sí. El alcohol, que es una sustancia cultural, festiva, recreativa, sociabilizadora (por citar aspectos positivos), al final es una sustancia que ataca al sistema nervioso central. Con lo cual el efecto es negativo, porque la persona pasa de la euforia al amuermamiento, a estar cansado, incluso a tener efectos como los vómitos, la marcha titubeante, etcétera. Algunas personas lo asocian al consumo de cocaína porque cuando te viene el bajón después de consumir alcohol, y tienes un efecto depresivo, te tomas un estimulante para compensar ese efecto y así puedes seguir la fiesta. Es decir, la cocaína contrarresta el efecto negativo del alcohol que se manifiesta a partir de ciertos niveles de alcoholemia.

– Tiene un efecto compensatorio…

– Y por eso es muy frecuente que la gente que sale de fiesta empiece con copas y termine con coca, porque así le permite seguir de marcha. De hecho, uno de los tratamientos que se ha demostrado efectivo para esto es el disulfiram (el Antabuse). Esta droga provoca un efecto aversivo frente al alcohol, con lo cual a quienes combinan el consumo de alcohol y cocaína les viene muy bien. Además, como el alcohol y la cocaína conjuntamente forman una nueva molécula denominada cocaetileno, el Antabuse tiene un efecto de disminuir la sensación eufórica que te da ese cóctel. Podemos decir en este sentido que hay un tratamiento no específico para la cocaína, pero sí disuasorio para quienes necesitan consumir las dos sustancias.

EL ANTABUSE PUEDE SERVIR SÓLO DE MULETA, NUNCA DE SOLUCIÓN

– De cualquier manera estamos hablando del tratamiento farmacológico de la adicción. ¿Estos tratamientos, como el del Antabuse, funcionan si no existe un tratamiento terapéutico personal?

– No. Los tratamientos farmacológicos no son la panacea. No sirven si no hay un acompañamiento psicológico, una reestructuración de la persona, un cambio de hábitos y, sobre todo, una percepción de situación de riesgo frente al consumo.

– ¿Podría describirnos la esencia de un tratamiento terapéutico para adicciones?

– Lo primero que tenemos que hacer es que la persona identifique su problema. Y trabajar desde el punto de vista psicológico y, en algunos casos, de reestructuración social, para que cambie su forma de vida absolutamente. El tratamiento farmacológico por sí mismo es una muletilla donde uno se apoya para dejar de consumir. Pero si no cambia todo lo que le ha provocado, bien como causa o como efecto, el consumo de la sustancia, el tratamiento al final falla y las recaídas las tenemos al alcance de la mano. Este cambio se consigue trabajando sobre el orden psicosocial.

Antabuse y otros fármacos para adicciones
Ni el antabuse ni ningún medicamento son una solución. Foto: Steve Buissinne en Pixabay

PERFIL CONSUMIDOR DE COCA Y ALCOHOL ES INABARCABLE

NI GÉNERO, NI EDAD, NI CLASE SOCIAL

– Según lo que ha visto en consulta a lo largo de todos estos años, ¿hay un perfil más propenso a ser adicto a la cocaína y al alcohol?

– Yo te diría que esto cada vez se ha normalizado más, desgraciadamente, que nos encontramos personas consumidoras sin relación al género, la edad o la clase social. Hay gente que consume porque no tiene recursos y se refugia en el consumo. Hay gente que consume porque le sobran recursos y puede hacer lo que le pase por las narices con su vida. Yo diría que son los dos extremos. Es verdad que cuando una persona tiene carencias ambientales, sociales, afectivas, o algún cuadro psicopatológico o trastorno psiquiátrico que puede ir asociado, la predisposición que tiene hacia el consumo de sustancias es mayor. Pero no es única. Como por desgracia hemos banalizado el riesgo de los consumos, de alcohol, de cannabis y, últimamente, de cocaína, en la consulta ya me encuentro de todo. Aunque los casos más graves son los que muestran carencias afectivas, marginalidad social o van unidos a trastornos psiquiátricos.

Hay problemas de consumo más agudos que se dan en personas que aparentemente son «normales» y que no tienen ningún trastorno asociado.

Francisco Pascual Pastor

– Tengo entendido que las personas adictas a la cocaína tienen un condicionante neuronal que son el 50 por ciento de la causa de que consuman cocaína. Y que incluso que esta predisposición está relacionada con la existencia de otra patología dual (como la depresión)…

–  A mí el concepto de “patología dual” no es un término que me guste mucho emplearlo, porque creo que los trastornos adictivos son triales o cuatriales. Es decir, para mí conviene asociar el tema del trastorno mental junto con el consumo de sustancias, con las enfermedades orgánicas que provoca o que derivan de ellos y, como te decía, los trastornos sociales que se encuentran detrás. Ahora bien, es verdad que puede haber una predisposición genética y ambiental que te condiciona mucho, y esto tiene un peso de aproximadamente un 50 por ciento en tu predisposición a caer en una adicción, sobre todo, en las personas que llegan a tener un problema con el consumo de forma crónica. Sin embargo, hay problemas de consumo más agudos que se dan en personas que aparentemente son «normales» y que no tienen ningún trastorno asociado. De ahí lo que te decía antes de esta “universalización del consumo” sin establecer diferencias entre unas personas u otras. Los otros factores, lo que hacen es cargar más el tintero…

El antabuse para tratar el alcoholismo.
Parece cada vez más difícil establecer perfiles de personas consumidoras de cocaína y alcohol. Foto: Michal Jarmoluk en Pixabay

UNA CULTURA HEDONISTA QUE ESTIMULA EL CONSUMO

– Y cómo cree que influye en cuanto a fomentar el consumo vivir en una cultura que enaltece el éxito de imagen personal y económico como valores fundamentales.

– Vivimos en una cultura muy nihilista, muy hedónica, muy de búsqueda de placer, muy carente de valores en muchos aspectos, con mucho componente egoísta: “estar yo bien” y que los demás “que estén como estén”. Influye mucho en fomentar el consumo, sí. Cuando una persona empieza a tener un problema, si no tiene la conciencia de que mi libertad termina en las narices de la otra persona, se producen los desmanes. Y hablo de antes de que se provoque la adicción. Porque una vez que ésta ya está instaurada, es la necesidad neurológica la que te impele hacia el consumo. Pero previamente a esto, no darle importancia a cosas como la afectividad, el compañerismo, la amistad, compartir, que son valores que se están perdiendo en la sociedad en general, influyen mucho en que cada persona termine destrozando su vida y la de la gente que tiene alrededor. Pero esto es un problema educacional, de valores, de estructura familiar. Es importantísimo recuperar esa parte que a lo mejor hemos perdido por vivir en una sociedad materialista y mucho más volcada en la búsqueda de placer. Lo que digo no les gustará a todos, pero es lo que veo.

Esta cultura con un gran componente egoísta: “estar yo bien” y que los demás “que estén como estén”, influye mucho en fomentar el consumo de drogas.

Francisco Pascual Pastor

MÁS ALLÁ DEL ANTABUSE Y OTROS FÁRMACOS

LAS TRES FASES DE UN TRATAMIENTO DE DESINTOXICACIÓN INTEGRAL

– ¿Cómo debería ser un tratamiento de desintoxicación “óptimo”?

– El tratamiento de desintoxicación, estrictamente “desintoxicación”, consiste en quitar la sustancia. Debe ser un tratamiento en el que, sobre todo, se desarrolle una faceta médica. Pero si hablamos de algo más, como es un tratamiento de deshabituación, que es la segunda fase (aunque van unidas y a veces no hay separación: es una cadena continua), creo que debería ser un tratamiento integral.

Un proceso integral para tratar la adicción debe contemplar siempre tres aspectos: el biológico-físico, el psíquico y el social. Por eso es importante contar con equipos completos.

Francisco Pascual Pastor

– ¿Y qué aspectos debería contemplar este tratamiento integral de desintoxicación?

– Los tres aspectos son el biológico-físico, el psíquico y el social, y deben estar perfectamente contemplados.

  1. Un tratamiento donde podamos tener fármacos que ayuden a que no aparezca un síndrome de abstinencia o a minimizar las consecuencias físicas y psiquiátricas del consumo.
  2. Una intervención psicológica que ayude más a acompañar a la persona que a confrontar con ella, es decir: intentar acompañar al paciente en el proceso de recuperación en lugar de imponer lo que el terapeuta cree. Más bien, sería pactar con él, llegar a acuerdos y hacerle ver, de alguna forma, esa ambivalencia que hay entre, por un lado, el uso de una droga como búsqueda de placer y, por otro lado, los efectos secundarios y las consecuencias.
  3. Y esto se debe completar siempre teniendo en cuenta el retrato de una persona que a lo mejor ha perdido el trabajo, la familia, la vivienda, y por tanto intentar que cubra sus necesidades básicas. Hay que tener muy en cuenta el tema de género, muy en cuenta el tema de la gente que está sin hogar. Sobre todo ahora en período de pandemia lo hemos visto con la gente que no ha tenido dónde refugiarse y hubo crear en algunos sitios servicios específicos para que esta gente tuviese un sitio donde dormir y algo que comer. Y también hay que tener en cuenta un fenómeno que estamos viendo que es el aging: el envejecimiento precoz de las personas que consumen de forma crónica y que no acuden a tratamiento. Esto es, como adelantar el envejecimiento 20 años sobre la edad de una persona no consumidora. Incluso se acorta la esperanza de vida.

Para tener en cuenta los tres aspectos debemos contar con equipos completos: enfermería, trabajador social, recursos hospitalarios cuando sea necesario ingresar a alguien para hacer una desintoxicación orgánica…

Terapia para adicciones
El tratamiento de adicciones requiere de terapia y acompañamiento psicológico. No se puede limitar a una droga, por ejemplo, como el Antabuse. FOTO: cottonbro from Pexels

ABUSO EN LA PRESCRIPCIÓN DEL ANTABUSE Y OTROS MEDICAMENTOS

– ¿Algunos profesionales sobreestiman el uso de los fármacos? En el caso del Antabuse, por ejemplo, ha habido casos de efectos muy negativos sobre las personas que abusaban de él…

– Por supuesto. No soy de las personas que dé fármacos por darlos, porque creo que la decisión debe ser de la persona. Yo me reservo el fármaco para cuando la persona casi me lo pide porque ya es consciente de que no puede dejar de beber. Si no, de la otra forma le estoy obligando a tomar algo que ella no quiere y puede ser que en algún momento, incluso, empiece a jugar con el fármaco, a lo mejor porque se lo hemos explicado mal. Puede beber y tener una taquicardia, incluso una crisis convulsiva. Así que apostar por un fármaco como el Antabuse o cualquier otro porque te va a disminuir las ganas de consumir… no, no hay panaceas. El tratamiento tiene que ir siempre acompañado de una intervención de cambio de la persona. A veces se sobreestima demasiado el aspecto farmacológico. El fármaco es una muletilla donde apoyarse, un coadyuvante, pero en ningún caso es una solución para dejar de consumir de forma definitiva.

Apostar por un fármaco como el Antabuse o cualquier otro porque te va a disminuir las ganas de consumir… no, no hay panaceas. El tratamiento tiene que ir siempre acompañado de una intervención de cambio de la persona.

Francisco Pascual Pastor

– Muchas personas apelan a la línea de separar lo que es un consumo “normal” y de uno propio de la adicción. ¿Qué opinión le merece esta especie de distinción entre un consumidor “de ocasión” que no ha desarrollado una adicción y quien sí la sufre?

– Desde nuestra sociedad científica y desde la confederación de alcohólicos de la cual soy asesor, nunca hemos estado en contra del consumo de alcohol. Pero un consumo de alcohol, voy a denominarlo “gastronómico”, no tiene nada que ver con un consumo de alcohol en el cual la persona está buscando un efecto determinado en su sistema nervioso central para relajarse, estimularse o evadirse. Yo creo que la línea no está tanto en la cantidad que se consume sino en por qué se consume y qué es lo que se busca con ese consumo.

Ahora bien. Esto es diferente en el caso de la cocaína, la heroína, el cannabis. No hay consumos normales. Con el alcohol entiendo que tomarse un vaso de vino en la comida, el fin de semana, o con un aperitivo, podría ser algo «normal» para la sociedad en la que vivimos… pero cuando ya lo que se busca es el efecto de ese consumo, me da igual que sea una copa que dos, ya estás buscando algo más allá. Es decir, el efecto droga. Y cuando se busca el efecto droga es cuando la persona empieza a tener problemas.

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